8.09.2007

Cortijo del Zarzarla, (La Golondrina)-3

JUNTO A LAS AGUAS DEL GUADALQUIVIR
DIA TERCERO
EL AMA

Hoy es ya diez de agosto y como Manuela todavía tiene muchas cosas que contarme de sus recuerdos por este pequeño y a la vez gran rincón de la sierra, he vuelto a verla. Hace mucha calor esta tarde y cuando llego pregunto por ella. Hoy están sentadas por la parte de atrás, a la sombra de su gran noguera y mientras su nuera Loly concluye la faena en la cocina, ella limpias los cubiertos sentada tranquilamente.
- Ya está aquí este hombre.
Le dice su nuera a la simpática Manuela.
- ¿Y a mí por qué me van a meter en la cárcel?
Contesta Manuela con su genio cariñoso.

Le doy el borrador del trabajo que de lo del otro día ha salido y Loly, la nuera, comienza a leerlo. Se parte de risa y a cada renglón le dice a la abuela:
- Pues esto es mentira.
Me pongo del lado de Muela y enseguida le digo:
- Tú no le hagas caso porque lo que quieren es oírte. Y en el fondo es porque le dan envidia de lo grande que eres.
- ¿Pero por qué va a ser mentira, si todo eso es verdad?
Pregunta Manuela llena de genio pero sin una chispa de enfado en su alma.

¡Qué grande es el alma de Manuela! Pienso yo ahora y creo que es el momento, que en este valle del Guadalquivir, a Manuela habría que hacerle el más grande de todos los monumentos. Por ser la más grande de todos los serranos, aunque lo serranos son todos grandes. Por ser noble como la nobleza de los bosques que cubren estas sierras. Por ser transparente como las cristalinas aguas que corren por la puerta de su viejo cortijo y por ser sencillas como el perfume y el viento de las laderas que tanto la conocen. ¡Qué grande es Manuela y qué nido más hermoso levantó junto a las aguas de este río suyo!

¡Qué bien se siente uno al lado de ella viéndola tan poco cosa siendo como es tan inmenso tesoro! Sus palabras pequeñas chorrean sierra por todos los poros, su mirada redonda es la pura luz de los amaneceres serranos y su genio de heroína luchadora, es la bravura de las tormentas por las cumbres pero al mismo tiempo la mansedumbre y frescura de la primavera brotada por las praderas. ¡Qué acento tan especial tiene Manuela y cuantos celemines de cielo ahora mismo ella encierra en su alma de golondrina silenciosa!

- Y esta Loly ¿quién es?
Le pregunto a Manuela.
- Ahora mismo el ama del cortijo. Desde pequeña se ha criado aquí con nosotros. Luego, como se casó con mi hijo mayor, pues ya la vez: ella también dueña. La Josefa es la mayor y luego le sigue el Francisco que es el marido de la Loly. El Manolo, es el chico que estaba ahora mismo aquí con nosotros. La otra, la Isabel que va detrás del Francisco, ya sabes que está casada con un guarda. Es la que vive en el mismo pueblo de Cazorla, en aquellos pisos que yo compré. Pero los dueños del Hotel la Golondrina, ahora mismo son: la Josefa, el Francisco, el Manolo y la Loly. Yo soy la que dispongo y no me hacen caso para nada.

- ¿La Josefa ha sido tu ojito derecho?
- Ha sido la mayor. Desde pequeña, siempre ha sido la casera. Si había que ir a algún sitio, era yo la que iba a dar la cara a Cazorla, al Tranco o a donde fuera. Y ella aquí nada más. Desde chiquitilla trabajando y así está, mírala, enratoná viva nada más que de penar.
- ¿No está casada?
-¡Que va! Le salió un novio que se fue llorando. Iba por ahí por la casa esa y todavía volvió, con el pañuelo limpiándose las lágrimas, diciéndole: AAdiós. Te quiero y no te olvidaré nunca”. Estábamos en el pilar y nos asomas a decirle adiós. Es que ella le dijo que no, que ya no volviera, porque no se casaba. Tenía unos dieciséis años o por ahí. Era muy jovencita. Pero luego, después, nunca ha quería ponerse novia. Y le han salido muchos novios, no creas. La han querido todos más que pa qué. Ha sido una tonta.

Pero es que si ella no ha querido, pues ya está. Siempre ha estado ocupada. Como se quedaron sin padres tan chicos, ella es la que dirigía todo el negocio. Primero la puse de portera. Le decía: AJosefa, hija mía, ten cuidado y si viene alguien me llamas”. Se quedaba la criaturica esperando y en cuanto llegaba alguna persona enseguida salía corriendo: AMama, ven que ahí aquí un arriero”. Ella ha sido más lista que pa qué. ¡Qué lástima de mi hija! Siempre luchando como su madre y claro, así es como se ha levantado la Golondrina.

Se hizo mayor y ya no tenía lugar ni de hablar con el novio, ni de ir a los bailes ni de ir a nada. Cuando venían a hacer fiestas o algo ahí a Coto Ríos o bailes en la venta de Mirasierra, que entonces había allí una hermana de mi marido, tampoco podía quedarse. Aquello era la venta de su tía Ramona y nos invitaban a san antones o cosas y como entonces venía mucha gente, siempre se venían siete u ocho a dormir a la Golondrina. Pues claro, la Josefa tenía que quedarse aquí para ganar lo que fuera. ¡O sea, que...!

Le ha cogido cariño a esto y le ha pasado como a mí: que no vive nada más que para su trabajo, el cariño para con los demás y su venta. Y le han salido de novios que pa qué de buenos. Pero si es que no le hemos dejado que hablara con un muchacho para que se conocieran y se tomaran cariño. Si ella lo ha querido así... pero el día que yo me muera, qué giro dará, la venta y ellos. Cuando llegan las personas y dicen: A¿Dónde está tu madre, dónde está la Golondrina vieja?” Me digo: A¡Qué poco me queda para que preguntéis por mí!”

- Pero ellos te respetan y te hacen caso.
- ¡Lástima! Eso de toda la vida. Lo mismo que siempre ha sido aquí en la sierra para las personas mayores. Donde hablaba un mayor, los otros, plegábamos todos el rabo. Se les ha respetado mucho. Y no decirle nada a los mayores ni faltarles que tu madre se quitaba el alpargate y te ponía el culo ardiendo, colorado como un tomate. Y si no te tiraba del pelo y si no te daba cuarenta guantadas en la cara. A los viejos había que respetarlos y considerarlos siempre como a los más importantes de la casa. Pero estos míos, saben que yo he sido aquí la luchadora y aunque me dicen alguna vez alguna cosa, no les hago caso.

LAS TORMENTAS
- Pues sigamos con lo nuestro.
Le digo yo a Manuela
- ¿Y qué es lo nuestro, hijo mío?
- Me prometiste el otro día que me ibas a contar tu boda.
- ¡Eso, eso, cuéntale tu boda y todas esas cosas de cuando tú eras novia con tu Pedro!
Le sigue pinchando la guasona de la nuera.
- ¿Y qué cosas le tengo que contar que no sean buenas y verdad?
- No le hagas caso, Manuela, vamos a lo nuestro. Tu boda tal como tú la viviste y te salga del alma ahora mismo.
- Pues mi boda, hijo mío, fue igual todas las bodas serranas. Dijimos de casarnos, porque eso de irse con el novio, entonces estaba mal visto. Se iban las criaturas mucho porque no podían hacer boda ¿sabes? Pero era muy ridículo irse con el novio. De mis cuatro hermanas, yo era la mayor y tenía que dar ejemplo.

- Pero un momento Manuela.
- ¿Qué pasa?
- Estoy pensando una cosa.
- ¿Qué piensas?
- Pues que como el otro día estuve por los rincones de lo que fue tu hermoso cortijo del Zarzalar y como vi por aquel rincón tantas tierras buenas, tantos árboles y tantas fuentes manando, pienso que antes de seguir con lo de tu boda, podríamos darle un repasillo a unas cuantas cosas de aquel cortijo.
- Pues tú me dices.
- Antes de meternos en faena, dime algo de aquellas tormentas que hundían la sierra sobre tu cortijo.
- Por ahí caían antes unas nubes que aquello era para morirte. El royo nuestro, eso era un miedo. Cuando caían aquellas nubes, como se juntaba toda la sierra desde Jabalcaballo para acá, todos los royos de por encima de mi cortijo, se juntaban y al pasar por las tierras del Zarzalar ya bajaba un mar de agua. Un día, la Ariá” de una de aquellas tormentas, se llevó toda una manada de ovejas y carneros. Subió el royo tanto que las aguas llegaban por todos aquellos bancales. Nos quitó los hortales, todas las huelgas que había de panizo, pimiento y tomates. Todo lo arrastró el agua. Antes caían muchas tormentas. ¿Por qué sería?

Pegaban unos crujidos y saltaban unos relámpagos que parecía que la sierra entera iba a salir ardiendo y luego tenías la sensación de que las cumbres explotaban y se hundían sobre mi cortijo. ¡Madre mía qué tremendo era aquello! A las lenguas de fuego que saltaban por todos aquellos picos, nosotros le decíamos los rayos. Donde había pinos caían unas centellas y rayos de esos y salían ardiendo. Eso hay que verlo. Casi siempre caían encima del pinaco más grande que hubiera, en lo alto de la misma corona y lo abría en canal. Algunas veces salían ardiendo todas las ramas de aquellos pinos pero la misma nube apagaba las llamas. Pero cuando los rayos descargaban donde había montes y pinos secos, ardía todo. ¡Qué tormentas más horrorosas caían antes sobre estas sierras!

FRUTOS ECOLOGIOS
- Y cuando las tormentas dejaban en paz las tierras de vuestros hortales, para tener tomates a lo largo de todo el año ¿qué hacíais?
- Se secaban. Cogíamos un montón de tomates y los abríamos. Teníamos unos zarzos de mimbre que hacían los gitanos. Con las varetas esas zurcido como cuando zurces tela. Los Aenrizábamos” con una aguja de red en un cordelillo. Lo colgabas en las chimeneas o así. Donde no se humedecieran, donde les diera el aire. Cuando hacías una comida, le echabas un par de aquellas rodajas de tomates al potaje, al ajo, a lo que se hiciera y eso era como si cogieras un tomate del huerto. Daba un sabor rico de verdad. En la antigüedad de todas esas cosas hacíamos. Ahora, de esto, ni caso hace la gente.

LOS HIGOS
- Vamos con el repaso de aquellas cosas de la Aantigüedad” como tú dices. ¿Qué hacías con los higos?
- Cuando ya estaban sequitos en las higueras que ya sabes que se caen retorcidos, con el rabo seco, pues entonces íbamos. Lo primero es Atraquetear” a las higueras. Y como eso, en cuanto está seco, del tronco de arriba se encuentra marchitillo, que ya no tiene Ameli”, pues en cuanto que le sacudes, caen los higos retorcidos. AEsipaos”. Entonces teníamos unos canastos grandes de esos de mimbre que también nos hacían los gitanos. Pero de mimbre muy fino. Eso lo liaban en las hojitas aquellas ¿no sabes? E iban haciendo lo que nosotros llamábamos Aun zarzo”.

Mira que te explico: iban liando las varas unas con otras hasta que salía el zarzo que a veces era grandísimo. Le dejaban unas hileras así por en medio de tres o cuatro mimbres de esos juntos. Al llegar ya que era el zarzo muy grande, entonces lo sacaba a la orilla, lo partían por en medio y un cacho para allá y otro para acá. Y de allí salían unas asas. Esto que te acabo de explicar es como se hace un zarzo.

Por las asas esas los cogíamos nosotros y en aquella cesta íbamos poniendo los higos que se caían de las higueras. Se secaban. Cuando estaban sequitos, tan limpios, le echábamos un polvillo de harina, un poquillo como cuando nos echamos polvos en la cara. Y los guardábamos en unos sacos que teníamos de la pulpa. Que no fueran apretados. Que fueran claros los sacos. Y ahí los guardábamos. Los sacos se ponían encima de unas tablas para que no tuvieran humedad del suelo. Y sino en canastos con un buen tendío de lana. Lo poníamos alrededor para que se quedara medio hueco. Y allí, cuando ya estaban con su harina, hasta el mes de mayo te duraban los higos. Todo el invierno estábamos comiendo higos secos.

Cuando luego salíamos por ahí a trabajar, a poner pinos, a labrar las tierras o a lo que fuera, por donde iban echaban meriendas los hombres en sus alforjas, echaban una Aarmozá” de higos, tan secos y tan ricos y merendabas que pa qué. Otras veces un cacho de tocino, un cuscurrillo de pan y su puñado de higos y merendaban los tíos como marqueses. Y las mujeres. Cuando íbamos a los pinos. Si todos estos pinares los hemos puesto los serranos. Los higos te lucían más que el tocino. Eso alimenta muchísimo. Nosotros toda la vida hemos secado muchísimos higos en mi cortijo. Mi madre tenía un montón de higueras que aquello era gloria. Y las nueces igual.

LAS NUECES
- Vamos a las nueces.
- Cuando llega la época de la noguera, cuando ya se suben con una vara, las varean, porque como ya están secas, se van cayendo, se abre la cáscara esa que tiene afuera y por la mañana cuando te levantas tienen una Asolá” de nueces. Pero si esperas a que se vallan cayendo por si solas, te subes con una vara, le das cuatro palicos a todos los tallos y como eso está abierto, pues se pone un suelo de nueces que pa qué.

Las recogemos, las limpiamos, le quitamos todas las cáscaras que se le han quedado y como eso sale tan nuevo y tan bonico, pues te duran un año entero. Todo el invierno estás comiendo nueces.
- ¿Teníais muchas nogueras en el cortijo?
- En el cortijo teníamos muchas nogueras pero aquello ya se quedó para el estado. Entonces se recogían muchas nueces. Por fanegas las medíamos. De nueces la dejabas hasta el colmo. Cuando se Aescagalaban” ya no podías echar más. A la mejor por una fanega de nueces te daban seis u ocho duros. Que entonces era un dineral.

- ¿ Las vendíais vosotros?
- ¡Vaya que si las vendíamos! Si en el cortijo todo eran nogueras. Unos árboles grandísimos.
- ¿Y a quién se las vendíais?
- A los que las querían. A los cortijeros. Los recoveros iban vendiendo telas, alpargates, navajas, Aabujas”, dedales. Entonces echaban de todas las cosas los recoveros en los Acorvos”. Las nueces, las que no vendíamos, como nos gustaba a nosotros también, pues te las guardabas en las canastas de mimbre. Las tapabas con un tendido y como eso esta hueco, pues te duraban hasta que se ponían rancia en el mes de mayo a otro año.

Cuando echabas merienda y llevaba una almorzada de nueces en tu taleguilla las sacabas para cascarlas y a los otros cuando sentían, les deba una envidia que pa qué. Siempre les dábamos a los compañeros. ¡Pobreticos! Te daba pena. Eso era el postre porque las nueces están muy buenas.

LAS GRANADAS
- ¿Y las granadas?
- Lo mismo. Echábamos una, y como eran gordísimas, con una tenías bastante. Detrás de la Ataja” o el chorizo o lo que llevaras. Pues si las teníamos en los árboles, cuando llegaba su tiempo, las cogíamos. Le dejas el rabo, las cuelgas con un cordelillo, con un esparto o lo que quieras, un tirajo. Con una vara las cuelgas en una habitación, en una cámara como decíamos antes, que al abrir la ventana les dé el aire y eso te aguanta, pues todo el invierno. No Aaporroteándolas” eso dura mucho. ¡No te cuento na de cosas! Si soy una abuela vieja.
- Pero todo es muy bonico, Manuela.

LAS CIRUELAS
- Las ciruelas.
- Las cogíamos ¿sabes? Pero no se podían guardar. Algunas veces las echábamos en vinagre. Las metían en las orzas y las que quería que saliera un poquillo agrillas, les echaban un poco de vinagre al agua. Luego las sacaban y echaban Aagriol” y con migas o algo, nos gustaba la ciruela agria. También con el cocido de garbanzos, con tocino fresco y de todo, eso estaba muy rico. Sacabas un platillo de ciruelas y te las ibas cascando con la otra comida y eso era delicioso.
- ¿En vinagre se conservaban bien?
- ¡Vaya! A eso no le pasa nada. Dura todo el año. Eso no se pudre ni nada. En azúcar si se pudren. Los pimientos los echas en vinagre y te duran de un año a otro. También los tomates.

- ¿Había muchos ciruelos?
- ¡Válgame Dios! En las regueras que había para el agua, pues en las orillas, plantaban los ciruelos y había unas hileras de ciruelos que aquello era impresionante. A esos árboles les gusta mucho el agua. No necesitan cavarlos ni nada. Sólo tener cuidado que no se les líen las zarzas que es lo que más había. Zarzales. Se encaramaban y los aburrían. Pero como los teníamos muy limpios. Un ciruelo lo ponías y estabas comiendo ciruelas todo el año. ¡Qué lástima!

LAS UVAS
- Y la uva.
- Lo mismo. Colgábamos grandes ristras de racimos y nosotros mucho vino. En mi casa hacíamos diez y quince arrobas de vino. Unas damajuanas que tenía mi madre y otras orzas de esas grandes de orejas. Unas orzas grandes pero por aquí llevaban unas orejas de verdad. Del mismo barro le salían cuatro por las orillas. Anchonas y estrechas del culo. Ya ve tú, la tinaja que teníamos le cogía hasta cinco y seis arrobas de vino.
- ¿Cómo se hace el vino?

- Cogíamos las uvas, las teníamos un par de días en los zarzos esos que ya te he dicho y las tendías para que se mareara una miajilla. Se terminaban de madurar y cuando ya estaban dulces como la miel, las pisábamos en la artesa. Mi padre hizo una artesa de un pino ¿Entiendes? Un pinaco grande que se cayó porque era muy viejo y lo aserró con la sierra. Teníamos Atronzadores” y de todo. Un tronzador de esos que aserraban los pinos muy grande. Fue y lo tronzó por medio. Y con la azuela le fue quitando madera del centro y construyó la artesa. Claro aquello tenía que ser así para que no tuviera rajas ni nada. Como los tornajos pero más corto.

Cogían dos o tres arrobas de vino. Con las esparteñas y alambre por la parte de abajo, nos lavábamos bien los pies y todas las piernas y mis hermanas yo nos metíamos dentro. Mi madre echándonos racimos de uvas y nosotras venga pisar. Así que ya había un montón de mosto, orillabas la pulpa a un lado de la artesa, escurrías las uvas bien, las echabas luego en los lebrillos y esperaba a que se escurrieran más. Luego le dabas otra pasá con las esparteñas, cuando ya no tenía casi nada, todavía echábamos la pulpa en una gran canasta de mimbre, ponías debajo el lebrillo y las dejaban un día, un suponer, y al final se escurría hasta la última gota. El zumo que sacábamos de todas aquellas uvas lo echábamos en unas tinajas o en las grande orzas que le cabían tres arrobas y en aquellos recipientes lo dejábamos.

Primero principiaba y chillaba, hervía. A los cuatro o cinco días, cuando se para de hervir, entonces lo sacabas, lo colabas y lo echabas en las damajuanas, lo tapabas y lo dejabas sin traquetearlo. A los siete u ocho días, destapabas la damajuana, lo catabas y si estaba todavía flojo, lo dejabas un poco más. ¡Nos salían unos vinos deliciosos!
- ¿En cuantos días se podía beber?
- A los diez días ya tenías vino. Cuando seguía todavía un mes más tapado, aquello era un vino dulce como la miel. El que salía malo, el que se agriaba, tenías que dejarlo para vinagre. Pero el vinagre era fuerte, limpio y bonico que pa qué.

Nosotras toda la vida hemos estado bebiendo más vino que los verdaderos vinateros.
- ¿Tenías para todo el año?
- ¡Bendito sea Dios! Si hacíamos quince y veinte arrobas de vino. Lo teníamos aborrecido de tanto vino. Pero buenísimo. Es que teníamos muchas chaparras. Chaparracas como las nogueras de grandes. ¿Sabes lo que te digo? Eran carrascas montesinas. Que eran de esas muy altas. Tiraba las ramas como las nogueras. Por los troncos y las ramas se enredaban las parras y se hacían grandes como bosques. Se cogía de allí muchísimas uvas. Racimos de dos kilos algunos. Comer uvas, todas las que queríamos. Se subían en lo alto de las chaparras y a coger racimos de uvas. De vez en cuando también las podaba mi padre con sus tijeras. Les iba dejando las buenas varetas que llevaban y cortaba las ramas viejas. Es que si las dejaba sin podar, se secaban.

LOS MEMBRILLOS
- Y con los membrillos ¿qué hacíais?
- Colgábamos muchos en los techos de las habitaciones. Y aquello echaba un olor delicioso. Entrabas allí y te daban ganas de dormir sin tener sueño. Se revisaban de vez en cuando y si se veía alguno que ya estaba muy maduro y que se iba a caer, lo quitábamos. Te lo comías o hacíamos carne de membrillo. ¡Mas rica estaba que pa qué! Los melones, los que eran de corteza y no estaban muy maduros, se guardaban. Los atábamos y también los colgábamos en los techos. Duraban hasta el mes de enero Los que no, se ponían en una habitación en el suelo y se tentaban de vez en cuando por si acaso se maduraban y se podrían. Salían riquísimos.

¡Vaya repaso que le estamos dando a las cosas de aquellos huertos de mi cortijo!
- Es que si tú no nos lo cuentas ahora, para siempre nosotros nos quedaremos sin saber muchas cosas buenas y bonitas que vosotros teníais y vivíais en aquellos tiempos.
- ¡Y qué es así, hijo mío! Tú fíjate ahora tanta historia con esto la de ecología y el mundo rural y nosotros lo hemos estado viviendo toda la vida sin que nadie nos diera ni charlas, ni subvenciones. Sin tantos libros y anuncios en los periódicos e historias raras como ahora se inventan unos y otros. ¿Y sabes lo que te digo? Que menos casqueras y pamplinas y más dar el callo y luchar por la sierra como siempre hicimos todos los serranos. Ahora, que si los tomates ecológicos, que si las manzanas ecológicas y antes, toda la vida lo hemos tenido nosotros en nuestro cortijo y lo único que hicieron fue quitárnoslo para siempre y darnos todos los palos que podían. ¡Será posible que las personas hagan cosas tan raras!
- ¡Y con lo buenos que los serranos siempre habéis sido!
- Eso digo yo. Nos pasamos la vida ayudándonos unos a otros y haciéndole bien a la gente.

MI MEJOR AMIGA
- Bueno, Manuela ¿nos cuentas tu boda?
- Te la voy a contar pero antes quiero que oigas lo que me pasó con la boda de una amiga mía. Mi mejor amiga de toda la vida, cuando yo era mozuela.
- Pues a ver ¿qué te pasó con esta amiga tuya?
- Se llamaba Julia y vivía en al Cortijo del Castellón. El que tú ya conoces y sabes que se encuentra por encima de mi cortijo del Zarzalar, entre el cortijo de los Cerezos, arriba casi en la cumbre y el cortijo del paraíso del Zarzalar. Se puede decir que esta muchacha me crió a mí, para el caso. Era mayor que yo. Nos queríamos que pa qué y por eso siempre me llamaba para que me fuera con ella a su cortijo. Me quería con lo cura y yo también a ella. AVente conmigo esta noche que a lo mejor no viene mi hermano”. Me decía. Y yo, hecha una loquilla, me iba con la Julia del Castellón a su cortijo. Principiamos a contar cosas y ella me contaba a mí y siempre íbamos juntas por aquellos montes, barrancos y riscaleras.

Un día ya se puso novia. Fue con un señor que era viudo. Que se le había muerto la mujer o yo que sé. Ya no me acuerdo. Sí sé que se llamaba Gaspar y era de las Canalejas. Una aldea que había por esta parte de la sierra que pega a Pontones. Y como éramos tan amigas, ella quería que yo fuera su peluquera el día de su boda. Como siempre he sido tan valiente y atrevida para todo, le dije que sí y llegó el día de la boda. Nos preparamos unos mulos en mi cortijo y montados en ellos, allá que cruzamos nosotras estos caminos rumbo a las Canalejas. Iba yo montada en mi mula tan hermosa. Con mi tapete de ganchillo que lo había hecho yo, mi colcha de color rosa y el tapete blando encima, iba yo hecha toda una señorita. Al llegar al río, colando la corriente por ahí, donde hay un royo que le dicen la Fuente de los Salaos, nos ocurrió la primera ventura.

Aquel día también nos llovió. Por eso llevaba mi paraguas y todo. Mira, llevaba una mula que era sospechosa. La mula a mi no me Aerribaba” ni de nada pero aquel día se pasó. Cruzo la corriente, me meto por el zarzal, da la mula unos brincos y con tanto traqueteo, como llevaba el paraguas abierto, se me escapó. ¿Dónde crees que fue a clavarse? Pues en el mismo culo de la mula. Aquello fue el demonio. El animal creyó que pasaba algo raro y empezó a dar saltos y patadas. Salí volando por los aires y ¿a dónde crees que fui a caer? Pues en el mismito centro del charco. Me quedé sentada de culo en medio del charco. Me puso chorreando y gracia a que no me mató.

La novia, la pobretica mía, se echó a llorar y con toda aquella tragedia que yo tenía, me levanto y le digo: ANo llores, so tonta Julia, que no me ha pasado na. ¿Que me he mojado? Ya me secaré. ¿Voy chorreando a las Canalejas? Déjalo”. AEso es lo que tú dices pero fíjate como te ha quedado tu vestido para ir a mi boda. Estás toda empapada y estropeada con lo elegante y guapa que venías”. Me decía ella. A Pero Julia, que me cago en diez, ¿tú la novia vas a llorar porque me he caído? Si no me ha hecho nada. ¿Que me he mojado? Ya me enjugaré. Tu boda es aquí lo importante y no mi vestido. Así que calla y sigamos el camino”. Yo era la que la llevaba y la que iba a peinarla después para el momento de casarse, la pobretica mía.

Cogí la mula, la arrimé a una piedra, me subí otra vez en ella y trotamos por aquellas cuestas en busca de las Canalejas. Me dolían las costillas pero a mi no me importaba. ¡Madre mía la de curvas y cuestas que subimos hasta llegar a donde vivía el novio! Cuando llegamos, me llevaron a una casa corriendo, me quitaron la batilla, me remangué las enaguas, me puse de espaldas, me enjugué un poco, me enjugaron la bata, me vestí otra vez, me peiné un poquillo y ya estaba yo preparada para asistir a la boda mi amiga Julia. De aquello no se enteró nadie. Entre mi amiga y yo se quedó aquel accidente.

Pero claro, antes de la boda, yo tenía que peinarla porque ese era mi principal empleo en esta boda. Yo antes he sido muy churreterilla y muy inquieta. Sabía peinar a mis a migas y de todo. Ellas con la risa con migo lo pasaban que pa qué. Yo lo que podía, pues le hacía a todas. Como mi amiga Julia tenía el pelo muy liso, pues había que rizárselo un poco para que estuviera guapa el día de su boda. Saqué las tenazas esas que teníamos que hacían así escalón. Así un suponer, le ponías el clavillo este y como estaban quemando, pues le hacías unas ondas preciosas en el pelo. Las pusimos en la lumbre para que se calentaran. Siento a la novia en la silla y con todos aquellos nervios de las bodas y esas cosas que tú sabes le pasan a las mujeres siempre que se casan. Allí muy asustada y nerviosa, como un corderillo manso esperando que su mejor amiga le rizara el pelo para el día más feliz de su vida. Y su amiga, la Golondrina que tú tienes ahora mismo a tu lado, más nerviosa que la novia.

Cuando las tenazas ya estaban calientes, las cogí, se las enredé por el pelo y enseguida, la pobretica amiga mía llorando. Unas lágrimas que le caían por la cara que pa qué. Yo pensé que lloraba por la felicidad de la boda, cuando al rato veo salir humo de su cabeza. Una humareda grandísima. A¿Qué pasa aquí?” Me digo yo nerviosa y enseguida veo que le estaba quemando el pelo. Ya salta ella y me dice: ALeche ¿pero todo lo que me estás haciendo hay que aguantar para rizarme el pelo?” AEs que Julia, esto es muy complicado”.
A¿Pero no te das cuenta que me estás quemando la cabeza entera?”. Entonces miro y era verdad: a la pobretica mía le tenía achicharra toda la carne de la cabeza.

Me picó la risa y ya no podía ni acabarla de peinar. A¡Pero mujer, Manuela, que hoy es el día de mi boda!” A¿Y a ver qué hago yo, Julia, si esto ha pasado así?”. Miro a ver si puedo apañarla como fuera y entonces me di cuenta que de verdad le había hecho dos o tres grandes Achicharros” en la cabeza. Unas quemaduras que aquello, sólo verlo, daba pena. Ya, el único apaño que pude hacer fue echarle el otro pelo para delante y taparle con él las quemaduras y los mechones de pelo que le había quemado. ¡Pobre amiga mía lo que sufrió en mis manos el día de su boda! Pero mi amiga Julia, como me quería con locura, se aguantó el quemado y luego, después me decía: AA mí me dolía mucho pero yo pensaba que eso lo hacías con todas. Que tienes que quemarlas para rizarle el pelo”. AQue no Julia, hija mía, es que yo me había creído que había nacido para peluquera y en el día de tu boda me di cuenta que lo mío era otra cosa”.

Luego, después, ya se celebró la boda. Nos bajamos otra vez por las cuestas esas subidas en las bestias y ahí más arriba de mi cortijo, en el Castellón, el cortijo de la novia, se celebró el convite. No te lo cuento porque ese convite fue tan grande y bonico como el de mi boda que te diré dentro de un rato. Pero su boda fue más bonica que pa qué. Me acuerdo que cuando ya al final de la noche, la gente se iba retirando de la fiesta, el marido me dice: ADile a la Julia que esto ya está feo, porque está cansada la gente de bailar. Están comidos y bebidos y de todo. Dile que tenemos que acostarnos un rato y ya por la mañana se da el refresco”. Se lo digo a mi amiga y ella me dice: AYo no me quiero acostar, Manuela”.

Pero a la mañana siguiente, como todavía seguía el convite, yo fui a su habitación tocando las palmas diciendo: A¡Venga, Gaspar y Julia, que ya se ha rematao la boda! Venga arriba que estamos aquí esperando. Que todavía sos queda más temporá pa dormir”. Yo de bromas y de risas. Ya se levantaron y entonces entré yo a peinarla y arreglarla un poquillo. ¡Eramos tan buenas amigas y nos queríamos tanto!
- ¿En el cortijo del Castellón se quedaron a vivir para siempre?
- Ahí se quedaron a vivir hasta que se fueron a Valencia. Se fueron y ya no la he visto más. ¡Qué lástima! La vida, hijo mío, que da muchos tumbos y a los serranos que siempre nos la han complicado todo lo que han podido. De estas sierras ha tenido que salir mucha gente echando chispas y eso si que es una lástima.

BODA DE LA
GOLONDRINA

- ¿Vamos ahora a tu boda?
- Sí Manuela, vamos a tu boda ¿cuéntanos cuando conociste a tu Perico?
Le pregunta la nuera y su compañera Santi. Y Manuela, con todo su salero, salta y dice:
- ¡Me cago en diez! ¿Cuándo conocí a mi Perico si lo tenía allí nacío en mi cortijo?
- ¡Eh! Pues cuenta de qué edad os hicisteis novios
- Pues leche, cuando éramos un poco mayores.
- ¿De cuánto tiempo se casaron? ¿Cuánto tiempo estuvieron de relaciones?
- ¿Y no Asos” podéis callar vosotras y me dejáis a mí que hable.
- Si es que le estamos preguntando.
- Aquí no pregunta nadie más que este señor y hablar, habla sólo la Manuela.
- Eso está bien. Venga, Manuela, vamos a nosotros a lo nuestro y que ellas se dediquen a lo suyo. Es que tienen que estar metidas en todo ¿verdad?
- En todo y es lo que yo digo: ellas que sabrán de mis cosas. Iros ya por ahí y dejadnos tranquilos. ¿Queréis saber cuando nos conocimos? Pues desde que nació en el cortijo que éramos parejos.

Loly y Santi, la muchacha que en estas fechas trabaja en el hostal, siguen bombardeando a Manuela con sus preguntas.
- ¿Y cuántos años teníais?
- ¡Pues leñe, yo tenía, un suponer, cuando ya éramos mayores, pues tendría unos catorce años o por ahí!
- ¿Y al cuanto tiempo de estar novia te casaste?
- Yo me estuve novia por lo menos cinco años, par caso. Porque me casé de Aveintidós” años.
- Venga ¿y qué más?
Le pregunta la nuera intentando poner nerviosa a Manuela.
- ¿Y qué más?
- ¿Qué te dijo? Vamos a casarnos y ya está.
- No pues como estábamos en el cortijo y siempre nos estábamos viendo y de todo, pues hablábamos lo que nos parecía... Mi casa y la casa de mi novio estaba como esta casa mía de ahora y la carretera que pasa por ahí ¿sabes? Mi marido vivía cerca y éramos primos. Por aquí había en medio una calle grande y había más vecinos. Nos estábamos conociendo desde chicos. No necesitábamos tonterías ni nada.

- ¿Pero te casaste de blanco?
- Yo sí. Más blanca que tú estás. Fui bien guapetona. Pasé por aquí, por la orilla del mi querido río Guadalquivir con acompañamiento de mulos, de burros, de bicicletas. Cada uno lo que tenía. ¡ Los pobreticos! El que tenía una bestia y el que no, pues andando. Se montaban unos con otros en los mulos. Llevaban un mulo muy bueno y claro, el que era amigo, lo montaba con él. Iban a dos y a tres algunas veces. Ya entonces principiaban las bicicletas. El que llevaba una bicicleta era el rey al mismo tiempo que la Arisión” de verlo. Montado en el trabuco ese espatarrado ahí, dándole regates a los burros que iba y todo. Le decían: ATened cuidado que con las bicicletas se espantan los mulos y vais a matar a alguien hoy”. Todas esas cosas ¿comprendes?

Por aquí desde el royo de Los Membrillos, el cortijo mío, hasta Bujaraiza. La aldea esa que había antigua ahí. Pues ahí bajamos. Convidamos a un montón de familias. Pues a todos estos ríos, todos los que conocíamos. Fue un montón de gente en el acompañamiento de la boda. Como en Bujaraiza tenía yo una tía mía, una hermana de mi madre, pues fuimos a su casa y nos paramos, me arreglé otro poquito. Me eché mis colonias, me peiné una miaja... Llevábamos cuerva ¿entiendes? Vino con azúcar y agua para que no se Achispara” la gente mucho.

Una damajuana llena que la bajaron en el mulo con unas aguaderas. Mientras yo en la casa de mí tía me peinaba, me daba una miajilla de apaño para ir la iglesia, sacaron cuerva, echaron en unos jarros y convidaron a toda la gente. A las familias que en el pueblo, eran mis amigas, les dije que fueran a acompañarme. También a mis tíos que estaban allí. Pues ya entramos a la iglesia y cuando se terminó la misa y me había casado el cura, pin pan, pin pan, y preguntándome cosas que por pocas el cura está todavía hablando. Se ve que le gustó mi conversación y las preguntas que me hacía y allí gastamos que pa qué. Estaban ya algunos casi Aenritados” vivos. Porque nosotros no salíamos de la iglesia. El cura allí tan cascante. Era de Hornos. Un cura nuevo también, éramos par caso, de la misma edad.

Cuando se terminó la misa que ya salí de hacerme todas las cruces del Señor para que buena suerte llevara, me vine a lo de mis tíos. En su casa dimos el refresco que dábamos entonces ¿Sabes? De cuerva, de vino, de dulces. Llevábamos mantecados de estos que hacíamos en los hornos. En fin, una cosa bonica. Allí con toda mi familia cumplí y ya me monté en la mula con mi Pedro, se llamaba Pedro mi marido, y desde La Aldea remontamos hasta lo alto del cortijo del Zarzalar así. Que eso es una distancia muy buena. Yo creo que más de quince kilómetros.

Cuando llegamos al Zarzalar, toda la gente estaba esperando. Ya habían matado los chotos de cabra o de lo que fuera y en los robles que teníamos por la puerta del cortijo y bajos los árboles, estaban colgados. Cada uno cortaba de donde quería. Entonces se hacían unas bodas de carne que aquello era hincharse todo el mundo de carne. Todo lo que cada uno quería. Pan de aceite... Todo el mundo se divertía mucho.

Loly, que todavía está junto a nosotros, ahora ya escuchando, le pregunta:
- ¿Cuánto recogiste en la boda?
- Pues recogí bastante dinero también. Hombre en aquellos tiempos el pobretico que echaba diez pesetas eran los más ricos. Cuando veías dos duros habrías unos ojos que pa qué. Pero duro a duro, casi todos los que fueron, echaron. El que echaba un duro era un rey. Los que más, a dos pesetas, a tres pesetas. Aunque me echaban tan poquillo, yo recogí un dinerillo muy bonico. Teníamos muchas amistades y eran personas que tenían dinero. Pues si recogía uno cuatrocientas o quinientas pesetas, entonces era un dineral. ¡Qué lástima! Yo hice una boda muy bonica.

- ¿Pero cuántos días duró la boda?
- Pues como se duran las bodas. Llegamos al cortijo, de vuelta de La Aldea, sobre estas horas, las seis o siete de la tarde. Iba diciendo que ya tenían preparadas las comidas, los guisados que se hacía antes. Unos de carne frita, otros de guisotes. Guisotes era casi toda carne guisada. Con su aceite, sus patatillas pero más carne que na. Porque algunos querían comer guisado y ese día había que preparar las cosas al gusto de los invitados. Y ya, pues por la noche principiaban a hacer cuervas. Esto era una bebida de vino, frutas y azúcar. También se repartían tortas. Se amasaban tortas de manteca para todo el mundo. Un cachillo, el que quería tomar para el estómago que no fuera todo bebidas. Se repartía también pan de aceite Si es que hacíamos unas bodas buenísimas. Se bailaba mucho. AMas que un grillo en un rastrojo”. Yo también que a lo largo de mi vida he sido muy bailadora. He ganado premios casi siempre que iba a un baile. Las jotas, los fandangos, los sueltos de todo. Yo he bailado muy bien. ¡Madre mía!

Cuando llegaba la hora, que era ya la madrugada par caso, que estábamos todos cansados de baile y muchos hasta estaban borrachos, pues entonces se decía que tenían que acostarse los novios. Los invitados unos se acostaban, otros se quedaban con todas su tragedias de bebidas y demás. Se tumbaban en las cabeceras que les preparábamos. Cuando se acostaban los novios, pues la boda se remataba.
Loly que sigue junto a nosotros, habla otra vez y dice:
- Pero si no te dejaban que te acostaras.
-¡Vaya! Entonces sí se acostaba una. Los padres de los novios, cuando ya faltaban un par de hora para el amanecer, decían: AHay que dejar que se acuesten los novios”. Después de todo esta juerga, nosotros pues nos acostábamos un rato. A bregar un poquillo ¿Qué íbamos a hacer? Danos cuatro besos y sea los que Dios quiera.

- Cuenta lo de la serenata.
- Ya era, un suponer, amaneciendo, a tocar la serenata a los novios. No nos dejaban ni dormir. Principiaban con las guitarras en la puerta del cuarto y aquello liaban un traqueteo de tocar y de cantarnos coplas que era Aescojonarte”. Ya te espantaban y te tenías que levantar porque no se iban de la puerta. Nos levantábamos y entonces principiaban a darnos pan de aceite, chocolate, café. Cada uno de lo que quisiera. Eran unas bodas preciosas. Unas bodas serranas de verdad.

La nuera y Santi que no se despegan del lado de Manuela, vuelven a pincharle otra vez diciendo:
- Pero es que lo más emocionante no lo has contado tú.
- ¿Y qué era lo más emocionante, leche?
- Cuando estabas novia con tu Pedro. Eso de hacer así con las palmas porque querías que te diera el novio un beso. Y tenías la contraseña y entonces pues... Y que eso no nos lo hemos inventado nosotras.
- Eso es mentira vuestra que os lo habrá contado Francisco.
- ¿Pero cómo va a ser invento nuestro?
- Para que lo sepáis ya de una vez y me dejéis tranquila, cuando nos tocaban así, con las palmas de la mano, significaba que era hora de acostarnos. Que se fuera el novio a su casa y la novia a dormir. Y vosotros pensáis que eran hacernos palma para otra cosa. ¡Sois más tontas que el zapato de un perro!

- ¿Y cuándo queríais daros un beso?
- Pues cuando queríamos darnos un beso yo no tenía que tocar palmas ni tanta tontería. Cuando ya era de noche y él se iba, como en la calle aquella ancha no había luz, nada más que el candil, pues si yo quería salir a decirle a dios y nos dábamos dos besos, en la boca o donde nos diera la gana, ¿quien pija nos iba a ver de noche? No nos veía nadie. Además, que conviene que también lo sepáis: yo he sido guardosa. Ahora la gente salen con los chiquillos acuestas y por donde les da la gana pero antes fíjate, eso esa un escándalo para una casa.

- Bueno, tú no le hagas caso que lo que tienen es ganas de guasa.
- Tú fíjate: si uno quería darse un beso ¿ibas a tocar palmas para que vinieran a verte? Eso está claro ¿Verdad? Es que no saben. Como, para tanta gente, ahora es todo a tajo parejo y esto no se sabe quien es novio ni quien es marido ni nada, pues muchos se piensan que en aquellos tiempos las cosas eran lo mismo.
- Bueno, sigue tú con lo tuyo. ¡Es que ellas quieren liarte!
- Pues claro que quieren liarme. Pero a mi no me lían. ¿Qué estábamos contando?
- Con la boda estábamos.

- Pues lo que te digo es que yo no he hecho diabluras de no hacer buena boda ni dar el espectáculo ni de na. Yo he sido una persona que hasta el cura quería subirse a mi boda, lo que pasaba es que teníamos que buscarle un mulo, en La Aldea, y no lo encontramos. A la aldea de Bujaraiza entonces veníamos todos. Hasta de las cuerdas para abajo que era del término de Santiago de la Espada, todos íbamos a Bujaraiza a casarnos. Está claro que la que se casaba por la iglesia.

Te digo una cosa: aquella aldea era muy bonica. La gente se juntaban todos a ver a los novios y aquello era tan precioso. A ver si va la novia bonica, a ver el novio si es guapo, que traje llevan, a ver si te equivocas, a ver lo que le decías al cura. Lo que hacen ahora.
- Y de aquellos tiempos ¿te acuerdas tú que alguna mocica no se casara por la iglesia?
- Había muchas que se iban con el novio.
- ¿Qué se iban?
- Que se decían esta noche nos vamos y se juntaban. ¿Me comprendes? Un suponer, tengo mi Josefa aquí y está con el novio y ella no quiere casarse por la iglesia ni na, viene el novio a las once de la noche o está hablando con ella y cuando me tomo cuenta, abre su puerta o la venta o lo que tuviéramos y se va con su nuevo y ya está casada. Y si quiere casarse por la iglesia luego, porque los hijos no sean unos Azapetos”, que no sean acompañados de iglesia, pues se casaba. Eso sí pasaba: se iban con los novios pero luego se casaban todas. Iban a echarse la bendición porque eso estaba muy feo, por los chiquillos y todo. Entonces decían que eran hijos putativos. ¡Qué lástima! Todo te lo cuento.

LAS QUE SE IBAN
- ¿Pero alguna no se casaba?
- En mi cortijo yo no conocí a ninguno. Todos los que se casaron, fueron a la iglesia. Si se fue alguno con la novia, esos fueron, antes de tener un hijo, a echarse la bendición a La Aldea que era donde teníamos la iglesia. O a la Iruela, donde no los conocían tanto, para que no les diera vergüenza. Para que la gente no dijeran: AHan venido a casarse aquí porque se juntaron antes”. Pero la gente se casaba toda por la iglesia después. Eso sí.

Mis padres eran unas personas muy educados y muy buenos. Yo que era la mayor siempre tenía que dar ejemplo. Fíjate qué bonico hubiera estado que me hubiera ido con el novio o hubiera salido preñada. ¡Mira qué bonico y qué ejemplo! Antes hubiera preferido la muerte que un mal ejemplo de aquellos.
- ¿Tú has tenido siempre las ideas muy claras?
- ¡Vaya que sí! Antes éramos tontos y ahora son muy listos pero lo que pasa ahora no se ha visto nunca por estas sierras. El respeto a las mujeres y a las personas entre sí, eso no es ahora ni mucho menos como era antes. Nos dicen que éramos tontos pero yo sé que éramos mucho más listos que todos los listos de ahora con tantas modernidades y tantas historias.

FUENTE DEL MACHO
- ¿De qué te suena la Fuente del Macho?
- De mi padre. Ya te he dicho que él era muy cazador. Lo mismo cazaba conejos que perdices. Todo lo que se le presentaba en el campo. Donde ponía el ojo ponía el tiro. Una vez se fue a cazar por ahí a un sitio que le llaman Los Villares, bien sabes por donde es. Cuando se vino para acá, mató un macho montés. A mi padre ya sabes que le decían Francisco el Piojillo, porque era muy chiquitillo y valiente como un león. A los que cuidaban estos montes, le dijeron que venía el Piojo con una cabra montesa que había matado.

El caminillo iba a salir a la misma fuente. Cerca estaba el vado por donde se podía cruzar el río. Se pusieron en la misma fuente a esperarlo. Allí lo engancharon. Llevaba el animal sin piel y la llevaba metida en el saco, liaica con otros trapicos que le había echado mi madre limpios. Lo cogieron allí mismo. Y claro, como le pusieron la denuncia, para luego acordarse en qué sitio lo habían cogido, decían que lo habían pillado en la Fuente del Macho. Así que ya lo sabes: por mi padre le viene el nombre a la fuente. Como lo cogieron allí pues ya se le quedó el nombre de la Fuente del Macho. Gracia que no le pusieron la Fuente del Piojillo.

Esa fuente está justo donde el arroyo de la Hoya de Miguel Barba cae al Guadalquivir pero mi padre se echó otra vez el macho a cuesta y se le llevó al cortijo. Lo denunciaron pero no se lo quitaron.

MUERTE DE PEDRO
Mi Pedro y yo nos queríamos mucho y en el cortijo criado de toda la vida. El sabía lo que yo era y yo lo que era él. ¡Que lástima! Y míralo: me quedé viuda hace muchos años. Ya ves tú, la Josefa que era la mayor, tenía la criaturica siete añillos o por ahí. Otros tenían dos años, otros tres. ¡Mira! Toda mi vida penando he estado. Ya te he dicho que me casé con veintidós años y la Josefa tendría siete añillos, así que puedes hacer la cuenta a qué edad me quedé viuda.
- ¿De qué murió tu marido?
- Tenía lesión del corazón. Y venga llevarlo a un sitio y otro. Pero aquello no hubo apaño ninguno, hijo mío. Cuando viene uno para morirse... Me lo llevé a Jaén, porque había unos médicos del corazón que pa qué. Le principiaron a dar pastillas y se lo cargaron. En cuanto meramente le principiaron a dar medicamentos de los que no estaba tomando le dio una noche una cosa muy mala, muy mala y dijo el médico: Asi se lo quiere usted llevar, su marido ya no tiene apaño ninguno. Su marido se le muere aquí”. Digo. A¿Pero por qué no me lo han dicho antes?” Dicen: AEsta noche esta muy grave”. Digo: APues voy a buscar una ambulancia”.

Y las enfermeras vieron que estaba ya en la agonía de la muerte. Cuando principiamos a buscar la ambulancia y de todo para venirnos aquí desde Jaén, antes de salir se me murió en el hospital. Querían enterrarlo allí y dije: ADifícil será en el mundo pero a mi marido me lo llevo a mi casa, a mi terreno, a mi sierra para que eternamente viva conmigo junto a las aguas del Guadalquivir. Allí tenemos nosotros nuestras viviendas, nuestras tierras, nuestros curas y todas nuestras cosas”. ANo, no, esto está muy lejos”. Digo: ASi está lejos, el muerto ya no va a decir que va cansado”.

AEs que está prohibido sacar a una persona muerta del hospital y menos a estas horas”. Me decía el médico. Me enganché al cuello del médico y le decía: AHay por favol, déjeme usted que me lo lleve a mi terreno. Quiero tenerlo allí cerca de mí y mis hijos”. Llorando a lágrimas vivas. Al médico le dio tanta lástima y dice: A¿Vas a llorar por el camino?” Digo: AYo no lloro, como si fuéramos de viaje”. Y así lo hice.

Mira ya los médicos y las enfermeras les dio tanta lástima de verme que dijeron: ABueno, buscad una ambulancia”. Y el de la ambulancia decía que no sabía venir de Cazorla para acá. Digo: AUsted no se preocupe, que a Cazorla voy yo y desde el pueblo hasta mi Guadalquivir, voy hincada de rodilla a mi casa. No tenga usted miedo que no pasa na”. Cuando ya lo íbamos a subir en la ambulancia le digo al hombre: AMire usted, yo no le voy a engañar, mi marido va muerto. Si usted tiene conciencia y me quiere llevar, eso que en el cielo Dios tendrá que pagarle. El no le va a dar un escándalo ni yo tampoco”. Y de verme llorar, dicen: ANo llores, no llores hija mía. Que yo de Cazorla para allá no he pasado pero ¿lo conoces tú bien?”. Digo: ANo te preocupes que no me perderé por donde he estado toda mi vida andando”. Y me trajo.

Salimos de a la una o por ahí y llegamos aquí al rayar el día. Ya estaban los pajarillos cantando y todo. Aquí se lo presenté a mis hijos, muerto. Mis cuatro hijicos, Francisco y la Josefa que es la mayor... Yo he penado... yo qué sé cómo he aguantado, lo que yo he aguantado en este mundo.
- ¿A la misma Golondrina?
- Aquí a la Golondrina. Desde aquí lo enterramos en el cementerio que tenemos en Bujaraiza. Me quedé viuda y seguí teniendo valor para todo. ¡Ay! ¡Qué lástima!

A Manuela, a la pequeña y gran Manuela de las limpias aguas del Guadalquivir se le escapa un profundo suspiro mientras lentamente las lágrimas le ruedan por su arrugada mejilla. Deja de hablar porque las palabras se le han atascado en la garganta. Mira hacia los montes de la ladera de enfrente de su hotel la Golondrina como si buscara algo. La sigo con mis ojos y me parece ver como si por ahí, por entre los olorosos romeros clavados en las blancas peñas, se escapara hacia el azul limpio de las cumbres. Como si ya volara con esa libertad de las golondrinas y llevándose enredadas entre sus alas, la esencia del viento más limpio de estas sierras, se alejara hacia esas otras praderas de la eternidad.

Hacia las praderas que el buen Dios le tiene preparadas para que ya siempre goce junto a su querido Pedro. Para que aunque un día se vaya, nunca se vaya de las riberas de este su bello río Guadalquivir donde tantos días, tantos sueños, tantas luchas y tantas ilusiones en secreto ella tiene derramabas.

PALABRAS FINALES
- Dentro de unos años, ninguno de los que ahora mismo estamos, ya no estaremos aquí. Por si tú te vas antes, para los que nos quedemos ¿qué nos dices? - ¡Ya ves tú yo que sos voy a decir! Como mi marido se me fue, mi ilusión y las pocas fuerzas que me van quedando, las pongo todas en el deseo de que mis hijos no sean nunca unos Aercichaicos”, sino amantes de su tierra y su trabajo como lo hemos sido sus padres. ¿Qué otra cosa le voy a decir yo, hijo mío? Ellos saben que yo les he dado bueno consejos para que siempre aprecien a las personas por encima de todo. Que atienda a todo el mundo como si de su propio hermano se tratara. Como siempre hemos sido los serranos de toda la vida.

Que les tengan cariño a las personas pero cariño de verdad y no por el interés de las cuatro pesetas que puedan dejar, que aunque también hacen falta, lo otro es más importante. Es un tesoro que se gana poco a poco y se conserva para toda la eternidad. A las personas no se le debe tratar mal sea quien sea. Hay que tener conocimiento y entregar el corazón a cada persona de los que por aquí pasa. Aunque esté irritado o estés llorando, ellos no tienen culpa de lo que te pasa a ti.

Muchas veces yo he estado comida de sufrimientos por dentro y bañada de lágrimas por las cosas que en la vida me ha ocurrido pero siempre me he limpiado mis lágrimas y me he preocupado del otro que también me necesita. Si me han preguntado: A¿Qué te pasa, parece que has llorado?” Siempre respondo: A¡Qué leche, que me ha caído un mosquito y mira como tengo el ojo!”

Mis hijos nunca hacen prejuicios para mí. Ayudan en lo que pueden las criaturas. La nuera también es buena persona. Ella es una persona que se han criado vecinos de por aquí y me conocen y de todo. Algunas veces nos damos una voz o cualquier cosa pero al minuto estamos como si siempre hubiéramos dormido juntas. Míralo.

Y miro. En estos momentos, la nuera come bajo la sombra de la noguera, en aquellas mesas de piedra que Manuela puso a la derecha de su casa para que los turistas comieran agusto.
- Si ella hace de comer, como yo. Si hago yo, come ella. Siempre unidos. Los serranos siempre hemos sido así: hechos para estar juntos y para ayudarnos unos a los otros como si las cosas del otro fueran más importantes que las mías. Con el tiempo, esta venta que con tantas fatigas e ilusiones levanté, lo que yo deseo es que ellos la sigan siempre. Ellos ya saben y como han recibido de mí lo más importante, saben avanzar por la vida dando a todo el mundo lo que cada uno necesita.

MEDALLA DE ORO
Va cayendo la tarde. Suave, el viento mece las verdes hojas de las nogueras que a la derecha de su casa, Manuela plantó en aquellos primeros días en que su venta comenzaba a levantar cabeza. Frente, nos queda la eterna ladera de los pinos largos. Es donde en aquellos tiempos su padre sembraba trigo y garbanzos para comer en invierno. Arriba, por lo más alto, iba la reguera que daba agua a las tierras de toda la ladera. Entre la carretera y los pinos, el chorrillo de la fuente cae lento pero sin parar. Como si fuera el puro símbolo de la que lleva nombre de ave y aquí hizo su nido. El agua se quiebra y en silencio cruza las tierras de la llanura buscando el río.

Es el Guadalquivir niño, compañero de juegos, sueños y luchas y amor silencioso de la niña que hoy se hace vieja. Al caer la tarde, en su ribera se mecen los álamos y en su corriente se estancan los charcos de las aguas que vienen de las cumbres. Por allí se ve el cielo teñido de azul y las nubes revolotean vestidas de blanco. Río y corriente, álamos y viento, cumbres y cielo, bosques y nubes, trabados del infinito parecen esperar a que llegue el momento. El gran momento que va naciendo lento pero que llegará como fue creciendo ella y ahora ya se apaga en la aurora del final.

Su rincón, el nido de la Golondrina luchadora, duerme silencioso en el centro de este valle y al mismo tiempo hierve de vida. Es ahora agosto y mucha gente viene por aquí. La conocen, la quieren, la tienen viva entre los recuerdos bellos de estas bellas sierras. Josefa se nos acerca y entonces le pido que nos traiga las fotos. Los recuerdos que a Manuela le entregaron cuando aquel día de la medalla de oro. Un sobre grande, un montón de fotos, hojas de periódico, fotocopias de aquella fiesta.

- Pero nadie mejor que tú puede explicar lo que fue.
Le digo a ella. Y como le pasa siempre, como siempre ha sido la Golondrina, responde y dice:
- Es que ahora yo te voy a decir que no sé ni qué premio es ni por qué me dieron ese premio. Me dijeron lo que ya Te he dicho y bien sabes tú: que era por ser la primera ventera del Guadalquivir. Y me llevaron ahí arriba, a un sitio que no recuerdo cómo se llama. Fue por causa de un señor que tampoco me acuerdo cual es su nombre. Siempre nos ha apreciado mucho y me aprecia y él fue el que pensó todo esto.

Pasamos una noche muy buena. Invitamos a la mitad de la gente que tengo de vecinos y de cosas. Fueron los que quisieron. Muchos no fueron porque pensaban que les iban a hacer algo. Ya sabes tú el miedo que los serranos siempre hemos tenido a que nos quiten un poquito más de ese puñadito de sierra que tanto queremos. Nos dicen que nos van a dar y luego nos quita hasta la propia identidad. Y como sabemos que, los autores de estas cosas, siempre fueron los que vinieron de fueran, pues les tememos. Si aquello hubiera sido una boda serrana de las que se celebraban en los cortijos, todo el mundo hubiera ido. Los serranos sabemos que entre nosotros nunca nos hemos hecho daño. Nunca nos hemos engañado. Nunca hemos dado para luego quitar.

Pero fue un montón de familias y todos quedaron contentos. Yo muy agradecida de todos. Así, como mi vida es esta, pues algunas veces les da la manía de decirme que me presente porque me van a premiar. Y yo nunca he trabajado por el interés de un premio. Pero hijo mío, son así. También tuve que presentarme en Jaén. Con los alcaldes y aquello fue otra cosa que pa qué. Del mérito de ser la primera ventera del Guadalquivir. Y la han tomado así conmigo y yo estoy muy agradecida pero... a ver, hijo mío. Unos me quieren bien y otros... Yo qué sé. Pero que sí: se portan todos muy bien conmigo. Yo estoy muy agradecida de todos.

- Es mérito a tu trabajo silencioso y bien hecho.
- Será por eso porque por otras cosas no creo yo que sea. Yo aquí... ya sabes tú. Cuánto llevo sufrido y cuánto llevo penado y cuantas veces las cosas han venido contra mí. Si ahora me premian, será, como tú dices: Amérito al trabajo silencioso y bien hecho”. Por otra cosa no creo yo que sea.

Abro el gran sobre que ha traído Josefa y entre muchas fotocopias y fotos, encuentro una hoja que, en un artículo de prensa, dice lo siguiente: ADoña Manuela Adán Parra: Nació el día 23 de julio de 1919 en Santiago de la Espada. En el año 1940 inició su actividad con una venta llamada ALa Golondrina”, siendo ésta la primera construida en la sierra de Cazorla y constituyéndose como un negocio familiar. Pionera del Turismo Rural y la Gastronomía Serrana en el Parque de Cazorla, Segura y las Villas. A lo largo de los años ha deleitado a los miles de viajeros que han pasado por su establecimiento. Por su constancia y dedicación hoy en día sirve como punto de referencia a muchos empresarios instalados en el interior del Parque”.

En otras partes de la hoja fotocopiada que tengo en mis manos, se ve la fotografía de muchos personajes importantes rodeando a Manuela que sostiene un gran ramo de flores en la mano. En el centro de la hoja, la medalla, cuya inscripción dice lo siguiente: AHotel Jaén. Asociación de Empresarios de Hostelería, Turismo y empresas a fines de la Provincia de Jaén. Medalla de oro 1995”.

ALGUNAS VECES SE ME
DESCUAJA EL CORAZON

Y parece como si este fuera ya el final. Uno de los muchos finales, porque como ella dice, van llegando a lo largo de la vida. Como yo lo siento así, antes de irme, quiero hacerle la pregunta. La miro y le digo:
- Atiende bien Manuela, a lo que ahora te voy a decir: no me quiero ir, de este rincón tuyo, sin hacerte la gran pregunta. O al menos para mí, si es la tremenda pregunta. La llevo en lo más hondo de mi corazón y ahí, en ese rincón intimo de mi ser, me grita con la fuerza del río cuando se desborda. Y ahora, después de todo lo que he visto, he oído y he tocado, se me remueve desde la profundidad del alma con un grito mucho más desgarrador que otras veces.
- Pues hijo mío, habla ya ¿cual es esa pregunta?
- Es muy cortita y tiene palabras tan sencillas como los que tú me has dicho.
- ¡Válgame Dios!
- Desde todo lo que tú me has cascado, ahora ya revoloteando por entre lo más transparente de este pequeño espíritu mío tan enraizado a estas tierras tuyas, te pregunto: ¿tú crees que has vencido?

Y Manuela, durante unos segundos me mira en silencio. Habla un poco más lento que otras veces y me dice:
- Algunos días, cuando estoy sentada aquí solica, me desmorono, se me descuaja el corazón y me entran ganas de llorar. Es que seré yo una tonta pero me pasa esto. Miro a esta obra mía levantada piedra a piedra a lo largo de los años y me siento feliz. Creo que mi esfuerzo al fin ha dado su fruto, ha merecido la pena. Me siento bien ahora aquí entre los míos y tan rodeada de las cosas de mi tierra y que tanto siempre quise.

Pero estando yo aquí sola sentada, al caer la tarde algunos días, miro hacia la ladera esa que tenemos enfrente, ya te digo, el corazón se me descuaja y me entran ganas de llorar. Me acuerdo de los que deberían estar y ahora no están. Los muchos que tuvieron que irse de esta tierra hermosa a otros lugares tan lejanos y tan dispersos. Ellos no tuvieron la suerte que tuve yo y lo pobreticos, tuvieron que arrancarse de estas sierras. No sé por qué pero me da pena. Eso de estar fuera de la tierra de uno, es duro y más todavía cuando en aquellos otros lugares no encuentras lo que en un principio soñabas ibas a encontrar. Es muy probable que yo haya vencido pero cuando me pregunto ¿y los que se fueron? ¿Los que tuvieron que renunciar a sus propias raíces e identidad para seguir viviendo?

A veces me digo que lo mismo que yo sigo viva en mi tierra, respirando cada día el perfume que sube del río, también deberían estar ellos. Aunque tenga mis hijos, sé que faltan muchos de los que antes estaban y eso me duele. ¿Por qué se fueron y por qué se tienen que ir? Aunque yo haya vencido, en el fondo es poca cosa, porque conmigo deberían estar muchos que son buenos y que no pudieron estar ni estarán nunca. Seré yo una tonta pero algunos días, cuando la tarde cae, se me descuaja el corazón y me entran ganas de llorar.

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